viernes, 8 de mayo de 2009

LA SIRENA DE LOS OJOS VERDES

Tus ojos verdes y tú...
La luz, el sol y el silencio.
La fuerza del cielo azul
y tu corazón latiendo.
Todo es barco de emociones
trabajando el pensamiento
en cuadros de fantasías
que van creciendo y creciendo...
Vas pintando aguas marinas...
acuarelas de silencios...
Jardines de fantasía
y sueños de fuegos nuevos.
¿Qué fuerza hay en tu alma
para que yo este viviendo
tanta belleza en los ojos
mientras que estoy escribiendo?
¿Será el brillo en los colores?
¿Será el color de los cielos?
¿Serán quizás las estrellas
mágicas del Universo? 
No lo sé, no sé que hechizo
se me ha metido en los huesos
para que salgan a flote
las cosas que voy diciendo.
Pero ésta noche de luna
llena de paz y silencio
navego en seda esmeralda
haciendo un romance eterno.
Te pienso como a un barquito
que suelta velas al viento
pintando estelas de espuma
mientras navega ligero.
Mis ojos, barcos varados
en los remansos del puerto
se juegan a cara o cruz
el mejor de tus lienzos.
Pero tu, siémpre obsesiva
buscando colores nuevos
te vas buscando paisajes
contra luz y mar adentro.
¡Sigue pintando mi niña!
¡Siguelé dejando al tiempo
toda la fuerza que llevas
clavada en el sentimiento!


domingo, 15 de febrero de 2009

SOBRECARGA

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SOBRECARGA


Siento sobre mis hombros

todo el dolor del mundo.

Siento la sobre carga

de los cuerpos desnudos

de las bocas hambrientas

de los gritos agudos

que sueltan cada día

los seres moribundos.

Por el tambor del pecho

restallan los fusiles

quemándome los fuegos

que lanzan los mísiles.

Arsenal destructivo

de los hombres cerriles

que revientan la tierra

soñando con desfiles.

Todo el poder del hombre

rodando equivocado

en explosión de bombas

y vicio depravado.

Tengo sobre los hombros

los seres inmolados

victimas inocentes

de hombres desalmados.

Sobre mi espalda cargo

el peso inexorable

de toda la inmundicia

de un mundo irresponsable.

Yo, que tristemente soy

débil irremediable,

por ser raíz de herencia

de un ser abominable,

me cargo el sobre peso

de un miedo sobrehumano

mezclado en la vergüenza

de ser un ser humano.

Por eso, escribo hoy

con el alma en las manos

Me siento como el Cristo

¡Nazareno de hermanos!