VENTANAS DE MI VIDA

jueves, 31 de mayo de 2012

CUANDO MI CUERPO SE VAYA





Cuando mi cuerpo se vaya
que dejen la puerta abierta
que me gusta volar alto
camino de las estrellas.
Que nadie sufra por mí
porque me dejo una herencia
dibujada en cada verso
y en cada palabra impresa.
Cuando se vaya mi cuerpo…
¡Dejarme la puerta abierta
porque vendré muchas veces
cuando nacen las violetas!
Cuando notéis en el aire
un olor de madreselvas
será que dormí en las flores
para recoger esencias.
El día que yo me vaya
dejarme la puerta abierta
para que mi verso entre
sin nada que lo retenga.
Deseo que al marcharme
no haya luto o negra seda
ni que se llore mi muerte
con funerales ni ofrenda
porque nada necesita
el alma que fue sincera.
Solo deseo recuerdo,
que recite algún poeta
por dar honor a mi oído
camino de las estrella.
Y recordar, cuando marche,
Dejarme la puerta abierta
porque vendré hasta vosotros
imitando a las violetas…
¡Por ser como yo, humildes!
¡Por ser como yo, pequeñas!
¡Por ser como yo sufrida
y amiga de los poetas!

sábado, 5 de mayo de 2012

REFLEXIONES


REFLEXIONES


Muchas veces en las que como hoy, me pongo a desempolvar nostalgias, analizo situaciones, ordeno emociones en el desván del pasado me suelo machacar con una pregunta, ¿De qué me ha servido tanta lucha por ser algo en la vida?
¿De qué  Superarme diariamente?
¿De qué tanto robar horas al sueño? ¡Creo que para nada! No me han servido para nada. Hoy me vienen a la memoria los años de la juventud, cuando tenía el corazón rebosando ideales, la cabeza llena de ilusiones y unas ganas tremendas de arreglar el mundo.
Yo había nacido para hacer algo grande, convencida comencé a prepararme para “enderezar entuertos” yo estaba convencida de que tenía una vara mágica para solucionarlo todo, para borrar errores, injusticias, equivocaciones, falsedades, ¡todo! ¡Quería arreglarlo todo... y empecé a escribir! ¡Me creía a pies juntitos que todo se arreglaba a verso limpio!
Por entonces aun no conocía el aliento pestilente del egoísmo, del deshonor, de la falsedad que se agazapa en el corazón de la gente.
Yo estaba llena de sueños, limpia y llanamente llena de sueños. Yo había nacido con el aguijón del verso clavado en alma y eso según Celaya era “un arma cargada de futuro” ¡Qué ilusa! Me aprendí a rajatabla la gramática de Sancho Panza, me subí al jumento de la ignorancia y me fui páginas adentro, a vivir mi propia guerra por desafueros  tropezones y batallas de poeta.
Todos los atropellos, toda la barbarie, toda la injusticia ancestral que latía sorda en mis venas de labriega se ponían de pie en cada verso para gritar, ¡Justicia, justiciaaa! ¡Escribe y pide justiciaaaa!
Ahora, traspasados los sesenta, con el corazón cansado el sentimiento acolchado de desengaños y el pensamiento desperdigado en frustraciones me he puesto a recordar aquellos tiempos de ardor, de arrebatos literarios cuando subida en un escenario declamaba inconformismo. Arrebatos como cuando vino Rigoberta Menchu, con su premio Nobel recién estrenado, dimos un recital a favor de Nicaragua. Aquel día toqué el cielo con las manos, pensé que con el recital  acabaría con el hambre de todos los marginados, que la paz estaba al alcance de todos. Me sentí como el visionario de Jerusalén con el milagro de los panes y los peces. Recuerdo como el día anterior me pasé retocando poemas para agudizar la palabra media noche, quería que fueran estiletes directos hacia el corazón de los poderosos, que fueran como el agua de lluvia que todo lo purifica, ¡creía en el poder de la palabra! Hoy sin embargo pienso que del millar de personas que estaban escuchando solo Rigoberta y yo entendimos el mensaje.
Situaciones así han existido muchas, he tenido recitales, conferencias, encuentros poéticos con miles de personas que a veces daban la sensación de escuchar pero en realidad están deseando que termine pronto el acto, para tragarse los aperitivos sin hacer ninguna reflexión sobre lo que han escuchado. Cuando he hecho algún comentario sobre la actitud de la gente me han contestado que lo mejor es no poner aperitivo, pero si no se pone nada de comer no va nadie.
Cómo decía antes, he tenido muchísimas ocasiones y muchísimos quebraderos de cabeza dedicando horas interminables a tocar el tambor de las conciencias, a dibujar versos doloridos, que se quedaran perdidos en el tiempo como migajas de amor, ¿Quién prestará atención a señales de socorro de corazones perdidos? ¡Nadie! ¿Para qué dibujar gritos de repulsa o dibujar paz en los versos? ¡Para que se pongan amarillos! ¿Para qué seguir buscando el arpa de los sentidos si nadie quiere escucharla?
Por eso hoy en estos momentos de reflexión, al traspasar los sesenta años y teniendo los fuegos artificiales, los sueños literarios y la afición quijotesca metidos en el cajón del pasado digo como decía Vital Haza, “Después de hacer tanto soneto a la muerte y de pasar tan mal rato tendrían que palizarme por necio y por mentecato”
Yo más o menos pienso igual, ya voy a intentar de pasar el tiempo que me queda en repasar lo hecho, en ordenar lo pensado en no meterme con nadie y ¡”vivir tan ricamente!” Por lo menos voy a intentarlo ya que he aprendido a controlar los Estremecimientos......... Ante los....... Desajustes....... de la vida. Ya estoy más endurecida por haber visto tanto desastre meteorológico, tanta corrupción “malaya”, tanta violación infantil, tanta  violencia de género, prostitución, robos, engaños, guerras, masacres, trafico de drogas, etc.
En fin yo podría escribir kilómetros de versos con todas las maldades que puede hacer el ser humano, pero ha llegado la hora de cesar de dar golpes de tábano sobre el espejo del mundo, de dejar la conciencia del poderoso bañándose oro, a los guías del espíritu subiendo Santos al cielo y a los pobres con los pobres reciclando sin cesar para evitar el cambio climático.
Y yo viviré tranquilamente mientras me llaman cobarde, cobarde por haber envejecido montada en el “Rucio” buscando versos absurdos, ahora me da la risa tonta porque se demasiadas cosas, he visto demasiadas cosas y como decía León Felipe, “ya me han contado todos los cuentos, me sé todos los cuentos” pero yo, da la casualidad que como él ¡tampoco creo en los cuentos! Lo único que sé es que...
¡No quiero un ático en el cielo, ni un saco de oro para meter mañana mis huesos podridos!