VENTANAS DE MI VIDA

miércoles, 13 de abril de 2016

REMEMORANZAS (ÁLVAREZ DE SOTOMAYOR)

  REMEMORANZAS

PARA LEER CON MUSICA PICAR EN EL VÍDEO
  RECOPILACIÓN Y TEXTOS REALIZADOS POR JOSÉ BRETONES SALINAS Y ESPERANZA SANDOVAL SANTANDER (Granada Sandoval) 

 EN HONOR DEL POETA   JOSÉ Mª M                   ÁLVAREZ DE SOTOMAYOR
PRECURSOR DE LA POESÍA RURAL Y POPULAR.

   Es de justicia rememorar de vez en cuando a poetas que han pasado por nuestra historia dejando huella. No siempre se consigue llegar a la sensibilidad del oyente, bien porque se trate de esa poesía elevada a la quintaesencia metafórica, o porque el trabajo sea un tanto flojo y desvaído. Sin embargo, con este trabajo  elaborado sobre la obra del poeta José  Sotomayor, se logrará; se ha de conseguir porque nuestro poeta es un trovador de las cosas cotidianas y sencillas, un cantor de los caminos, de la vida, de la tierra oprimida,  su voz late y vive en cada uno de los versos con la fuerza innata del que los ha vivido, toman impulso en todas y cada una de las odiseas que describe hasta provocar el escalofrío.

La poesía es un manantial de nobles sentimientos, de actitudes y de talantes. Somos testigos de la proliferación de versificadores que con mejor o peor técnica de preparación, se lanzan a recitar versos atribuyéndose sin remilgos el título de poetas.

Sin embargo, el grado de calidad no depende de lo que el autor quiera endilgarse, el mérito lo da el  publico que escucha o lee la obra; este es el caso de Álvarez de Sotomayor, a Pepe Soto, como se le conocía familiarmente, lo encumbró el público porque vibraba con sus escritos porque cada uno de ellos era un bello canto a las cosas cotidianas y familiares.

En el último cuarto del siglo XIX y primer tercio del XX, florecieron muchos poetas importantes que juntamente con los del XV y el XVI dejaron las más gloriosas páginas de versos que jamás se hayan escrito en nuestra lengua.

Uno de ellos fue este poeta almeriense, nacido en 1880 y fallecido en 1947. Álvarez de Sotomayor, escribió teatro y otros muchos géneros, pero fue, sobre cualquier otra cosa, poeta. Poeta para cantar como nadie a la reseca tierra que le vio nacer, poeta para poner en versos la ruda filosofía de los hortelanos, la legítima rebeldía de los oprimidos, y sobre todo para plasmar las tareas y costumbres de su tiempo, la belleza escondida de los objetos más humildes y cotidianos. Veamos una muestra de ello en este poema dedicado al desaparecido candil de aceite:             

 EL CANDIL
  
    En mi espaciosa cocina,
pendiente de un clavo fijo
a un testero del fogón
por el humo ennegrecido,
cuelga mi viejo candil
para alumbrar mi cortijo.
  Comienza a brillar su luz
apenas anochecido
y sigue toda la noche
sin que se extinga su brillo
hasta el soplo madruguero
del lucero matutino.
  Él, de la paz y honradez
de mi morada es testigo;
él alumbra mi descanso
del trabajo campesino;
él alumbra nuestra cena
vestida de mantel limpio,
y en el juego de sus luces
reflejándose en los vidrios
pone brasas en el pan
y en la redoma del vino.
  Su luz vaga y oscilante
como la luz de los cirios,
juega en las blancas paredes
con las sombras de mis hijos;
y remueve mis recuerdos
sacándolos hilo a hilo,
para hilvanar mis relatos,
que a fuerza de ser sentidos
ponen temblor en su llama
los ecos de mis suspiros.
  Cuando es hora de acostarse;
por los muros enlucidos
resbalan sus claridades
con silencioso sigilo
hasta el último aposento
de mi anchuroso cortijo,
derramando en las estancias
con sus resplandores tibios
una luz que sin ser luz
pone en su móvil fluido
relieves sobre las sombras,
y se va por los resquicios
después de asistir a todos
hasta dejarnos dormidos.
  Y cuando ve mi candil
que ya los palos de olivo
que ardieron en el fogón
dejan el ambiente frio,
pierde luz sin apagarse
y parece que el cortijo
arrullado en su penumbra
se queda también dormido.
  Yo, siento profundamente
veneración y cariño
y respeto y devoción
por ese candil antiguo,
porque su luz es de aceite
y el aceite está bendito;
porque fue luz de mis padres
en santo hogar campesino;
porque es luz de las ermitas
sembradas por los caminos;
porque es la luz de los pobres,
porque es la luz de los siglos,
¡porque es la luz de los muertos,
porque es la luz de los Cristos!

Sotomayor es el segundo de los tres hijos nacidos del matrimonio Pedro Martínez Soler y Teresa Álvarez de Sotomayor. De su infancia se sabe muy poco, se sabe que estudió en colegio privado sacando la calificación de Sobresaliente, que termina sus estudios de Bachiller con calificaciones más que notables y que siguiendo la línea familiar ingresa en la Academia Militar de Toledo, donde solo aguanta tres meses, la férrea disciplina no es lo suyo y abandona el ejército.

En enero del 1905 se casa con Isabel Márquez Gómez y tienenj un solo hijo, Pedro José.
En 1912 se traslada a la calle de la Rambla. En primavera y otoño se recluye en su cortijo “El Calguerín” con reminiscencias  moriscas donde escribía y recibía a los amigos. Era hablador, extravagante y aficionado a las tertulias, solía llevar un “fez” (Tarbush) con la media luna, levita, fajín morado y calzaba pantuflas, “Soy el Kalifa, el Sultán del Calguerín” -solía decir.
Era un poeta aficionado a todo lo árabe y al idioma rural andalusí. Tiene libros enteros escritos en este lenguaje autóctono a pesar de ser un hombre correctamente  instruido y académico.
Sus libros son casi desconocidos para el gran público, si es que la poesía ha gozado alguna vez de ese soporte de grandeza. ¿Por qué un autor de esta obra tan intensa y extensa permanece casi olvidado? Pues porque su obra como sus amores, sus motivaciones, los estímulos  que la hicieron nacer y crecer, estuvieron deliberadamente circunscritas a unas gentes, a un paisaje, a unas circunstancias que no han trascendido a la amplia historiografía de periódicos y programas televisivos, a esos medios de resonancia informativa. Todo su mundo poético estuvo enmarcado en ese triángulo territorial silencioso y desconocido, ese territorio almeriense, humilde y arrinconado en esa esquina del sureste del mapa peninsular.

He  aquí uno de los poemas característicos del poeta:

Quiero ser el labriego de una alquería
que tenga la compañía de un palomar
y una yunta ligera para labrar
tierras, ¡ay!, no tan secas como la mía.
   Ser el sencillo bardo de su poesía
con sonora guitarra para trovar,
y tener una casa para mi hogar,
con escudo a la puerta de mi hidalguía.
   Y en la paz y en la calma de mi conciencia,
llevar mis alegrías y sentimientos
a las mozas y mozos de los lugares,
en espigas doradas hechas cantares
del campo que florecen mis sentimientos.

Eso es: Nuestro poeta se hace el juglar del Valle del Almanzora. Álvarez de Sotomayor no fue nunca un labrador de trabajo y obligación; pero fue siempre hombre de alma campesina por vocación, a pesar de proceder de linaje aristocrático, de haber nacido en casa rica y ser hijo de terratenientes rentistas, sus bisabuelos maternos hacendados de Cabra, provincia de Córdoba, y de Palmas de Mallorca. Un hermano de su madre fue general de artillería. Todavía hoy lleva el nombre de Sotomayor una importante instalación militar de aquella provincia.

Pero él, que estaba destinado por herencia familiar a ser hombre de armas, abandonó los ejércitos para ser el portavoz de las gentes sencillas del Almanzora, podemos comprobar cuánto ganaron los almerienses con la voz del cronista más preclaro, en este poema.

HACES DE ESPARTO

Por la fuerza del vivir
y estar el mundo tan malo,
Rosarico, la del chozo,
una mañana temprano,
antes que el alba anunciara,
subió al monte por esparto.
hizo unos cuantos manojos
en la pendiente de un tajo,
con tanta prisa en cogerlos
que se hizo sangre en las manos.
  Pues ya que ató los manojos
sobre el filo de un peñasco,
cargó el haz a sus espaldas,
y por la pendiente abajo,
más que de prisa y corriendo,
llegó a su choza volando.
  -Ahora, haré mis dos espuertas
-dijo la pobre Rosario-,
y mañana si Dios quiere,
las venderé en el mercao,
dos pesetas, de seguro,
que dos pesetas les saco;
y ya tengo pa guisar
y comer yo y el muchacho-.
  Como nada había que hacer
de limpieza ni fregados
por ser su chozo más pobre
que un triste nido de pájaros,
se puso a hacer las espuertas
poniendo aliento en sus brazos,
con tanto afán en su obra
que hasta las hizo cantando,
tejiendo en coplas serranas
sus dos espuertas de esparto.
  Casi se sintió dichosa
la infeliz de la Rosario,
de ver sus espuertas hechas
en todo un día de trabajo;
Cuando reparó que el guarda,
hombre duro y destemplado,
con sarcástica sonrisa
rebosante de sus labios,
le dijo en sorna: "-Mujer,
¿dónde has cogido el esparto?
-Pues mire osté, sin pensarlo
fui al monte, y del que había
por el suelo esturreao,
hice un manojo y lo truje.
 Ya ve osté, ¡se hacen tan largos
los días que no se come…
y como el hambre es tan malo!
  -Pero, bueno; ¿Tú no sabes
que el monte tiene su amo,
y yo llevo en mi escopeta
la obligación de guardarlo?
  Por ser la primera vez,
y por no buscarte daño
me llevaré las espuertas,
-dijo el hombre muy ufano-
Y la infeliz, agobiada
bajo el peso de aquel fallo,
le replicó; - pos si oste
dice que es suyo el esparto,
llévese las dos espuertas,
pero abone mi trabajo.
         Eso el juez te lo dirá,
-volvió decir ya enfadado-
Y como el guarda insistía
y la pobre de Rosario
iba perdiendo el terreno
que le iba el guarda robando,
dejó tomar las espuertas,
cuando de pronto, de un salto,
cual si brotara del suelo
se presentó su muchacho,
zagalón ya mozalbete
de algunos dieciséis años,
quien sobre las dos espuertas
clavando sus pies descalzos,
con el infierno en sus ojos,
y una gran piedra en la mano
dijo al guarda; - ¡Corra al monte!
¡Corra a guardar el esparto!
¡Corra a decírselo al juez!
¡Corra a decírselo al amo!
Pero corra, que si tarda…
con esta piedra lo mato.
  Y el guarda, con desprestigio
de su alcurnia y de su rango,
perdiendo fueros al ver
en la actitud del muchacho
que llevaba la balanza
de la justicia en su brazo,
sin respirar tan siquiera,
tomó el camino empinado
y en la maleza del monte
se perdió como un gazapo.
  Desde que aprendí esta historia,
que la supe ha muchos años,
siempre que veo una mujer
cargada de un haz de esparto,
se me hace vivo el recuerdo
de aquella infeliz Rosario,
y me figuro al zagal
como un bronce esculturado
con los pies como puñales
en las espuertas clavados;
con los ojos como infiernos…
¡Y el amenazante rayo
de aquella nube de piedra
que le silbaba en la mano!

Se casó Álvarez de Sotomayor con una mujer hacendada y de buena familia cuevana,  o sea de Cuevas del Almanzora como él, esto le permitió una vida desahogada y pudo dedicarse en exclusiva a su afición de escribir.

También ancló sus ansias viajeras para siempre en su rincón de campesino voluntario, así fue perfeccionando su estilo y técnica.
Escribió poemas de protesta ácidos y valientes que le causaron más de un disgusta, todos ellos registrados en su libro LOS LOBOS DEL LUGAR, también escribió relatos  llenos de ternura delicada, como las de estas cuartetas:

EL RUISEÑOR DELCONVENTO.

A la espalda de la iglesia,
sobre un rosal trepador
y en la cruz de sus sarmientos
anidaba un ruiseñor.

  Rosal de bello jardín
que le amparaban del viento,
y abrigaban de los fríos
las paredes de un convento.

  Antes que en tiernos capullos
se abriera el rosal en flor
ya daban vida al jardín
los cantos del ruiseñor.

  Ruiseñor que parecía
cuando la aurora anunciaba,
que en alabanza de Dios
en sus canticos rezaba.

  No es extraño que aprendiera
de esas notas celestiales
que llevan en sus plegarias
las rezos conventuales.

  Y era entre los ruiseñores
tan destacado su acento,
que le llamaban las monjas
el ruiseñor del convento.

El 13 de Marzo de 1921 desarrolló un memorable recital de poesías suyas en el Ateneo de Madrid.
  La noche del 24 de Marzo de 1923 la compañía de teatro Borrás, le estrenó su drama “La seca” en Cuevas del Almanzora; antes la había representado en Burgos.
   “La seca“ es un drama rural que tiene expresiones tan hermosas como lo demuestran estos versos  de arte mayor

Braceros laboriosos de las tierras feraces
de estos campos sedientos, ansiosos de criar;
que sufrís las angustias de las sequías tenaces,
al terruño apegados, como los secos haces
de las doradas mieses dejadas solear.

Honrados labradores de pobres heredades
que tenéis por fronteras un corto caballón;
que apenas sois chiquillos y tenéis mocedades;
pues consumís los años de todas las edades
a esas tierras sin sangre buscando el corazón.

  Sufridos labradores que vivís condenados
a la eterna ignorancia y al eterno quehacer
de llevar a las urbes vuestro pan y ganados
y encerrar en sus lonjas vuestros frutos ansiados
aunque a veces vosotros no tengáis que comer.

  Mujeres campesinas, honradas y hacendosas,
la nota más alegre del campo y del hogar;
las hijas recatadas, las madres cariñosas
que en boca de sus hijos derraman generosas
las mieles de sus pechos en dulce trasmanar.

  Yo recogí en mi lira vuestros rudos acentos
con los tonos bravíos de ese inculto decir,
que tiene algo de brisas y rugir de los vientos;
que no sabe en sus giros ocultar pensamientos,
y es la expresión humana, de un profundo sentir.

Estrena también los dramas “La enlutaica”,  “Los lobos del lugar” “Pan de sierra” y “Honradez“
  El 12 de Mayo de 1923 participa en una fiesta de la poesía que preside en Sevilla la infanta Dª Isabel, fiesta a la que asisten también Manuel Machado y Salvador Rueda.
     Escribe mucha poesía durante el periodo de la dictadura de Primo de Rivera. En 1931, restituida la República, participa en el homenaje nacional que se le rinde a la memoria de D. Nicolás Salmerón en su villa natal de Alhama de Almería.
Los versos de su paisano resaltan las virtudes humanas y políticas del ilustre patricio así como su rango ejemplar de llegar a renunciar a la más alta magistratura del estado con tal de no tener que firmar una sentencia de muerte.

CONCIENCIA CAMPESINA.

Acuérdate labrador
de tu vivir en sosiego
sin más quehacer que tu tierra,
sin más afán que tu huerto,
ni más amor que tus hijos
y la mujer de tus sueños.
  Sin más que ver que tu casa
y el cuidado de tu apero,
sin otra esperanza firme
que la puesta en tu barbecho,
y sin más aspiración
que ser horado y ser bueno.
  Acuérdate labrador
que el ladrido de tus perros
era sobrado en tu hacienda
para guardarle respeto,
y a cualquier hora, salías
por los caminos, sin miedo,
por bastar a tu defensa
con la salud de tu pecho.
  Quizá que en tu hogar, entonces
hubiera pan muy moreno,
del que se amasa en la casa
y se cuece en propio fuego,
y hasta en vez de ser de trigo,
quizá fuera de centeno.
Pero era pan saludable,
con aroma y alimento
que daba quietud al alma
vigorizando tu cuerpo,
por ser más sano y sabroso
que el cocido en horno ajeno.
   Acuérdate que al partirlo,
guardabais todos silencio
mientras le hacías la cruz
con tu navaja de acero;
que después lo bendecías
en un corto balbuceo
y al tomar la rebanada
que tocaban tus hijuelos
antes de echarlo a la boca
le daban al pan un beso.
  Y mira tú, labrador,
si quiero serte sincero;
que si con darte a beber
esencias del pensamiento
puedo llevarte el alivio
que necesita tu pecho,
templaré mi vieja lira
para darte en sus arpegios
las más afinadas notas
de mis hondos pensamientos,
¡a ver si elevo tu alma
con la emoción de mis versos!

Otras veces, nos retrata con su amor por lo humilde, objetos cotidianos, en sus libros “ALMA CAMPESINA, “ y  “LOS CABALLEROS DEL CAMPO” hay infinidad de romances descriptivos tales como “ Mi vara de almendro” “Mi faja de seda azul” “Mi manta” o este otro que está dedicado a

LA SILLA DE LA MADRE.

No está tallada en caoba
ni está forrada en damascos;
es de madera de pino
con el asiento de esparto.
  Es una silla que tiene
cuatro fuertes travesaños
para poder resistir
el peso de su trabajo.
  Es la silla de la madre;
de la madre sin descanso,
que apenas se despereza
por la mañana temprano
lleva su silla a la hogaza
de los leños apagados.
  Hace brotar nueva lumbre,
y en la lumbre, cocinando,
prepara el cesto a sus hijos
que trajinan en el campo.
  Luego saca a clara luz
de un postigo soleado
su silla, para zurcir
y remendarse sus trapos.
  En ella se echa los sueños
en las siestas del verano,
en ella come a la mesa,
reza en ella su rosario,
y ya en la noche avanzada
con su silla de la mano,
después de apagar la lumbre
se entra a acostar a su cuarto.
  En la silla de la madre,
ni el marido por anciano,
ni los hijos por ser hijos,
ni aun las hijas se sentaron.
  En aquella honrada casa
era la silla un sagrario.
  Cuando criaba esa madre,
era lugar obligado
para dormir a sus hijos
la vieja silla de esparto,
que a manera de una cuna,
le acompañaba en su canto
al crujir de su madera
y al vaivén de su respaldo.
  Y una noche, ¡noche triste!
noche de dolor y llanto,
sentada en su vieja silla,
sintió la madre un desmayo,
brotó sudor de su frente,
quedaron yertos sus labios,
y en un esfuerzo supremo
buscando apoyo en sus manos,
como quien busca al morir
un consuelo y un amparo,
¡aquella madre tan santa
murió cogida a los brazos
de su silla de madera
con el asiento de esparto!

Todos los escritores- y más los andaluces- han cantado a esos dos animales tan hermosos como son el caballo y el toro, Álvarez de Sotomayor, amante de todo lo emblemático, hace sus cantos también al reino animal en distintas ocasiones, esta vez lo hace para ensalzar la gracia de una burra, y lo hace así:




MI BURRA NANA.

En el mercado de Vera
de tanto renombre y fama,
porque jamás vi burrucha
que más mi atención llamara,
y era un juguete de feria
que en el mercado hizo raya,
como cosa de capricho
compré mi borrica nana.
  No era más negra la noche
que el pelo que le brillaba,
ni vi jamás tan pequeña
burra recién destetada.
  Desde que entró a mi cortijo
aquella misma mañana,
lo mismo que una criatura
corría y brincoteaba
jugando con mis zagales
como uno más de la casa.
  Antes del mes, ya acudía
cuando el perro le ladraba
y se entraba al gallinero
y corría a la montaña
al volar de las palomas
y al balido de la cabra.
  Y en su inquieta travesura
sin descanso ni parada,
con esa gracia infantil,
colmo de todas las gracias,
-pues también tienen las burras
a su manera, su infancia-
llegó un día a ser la nota
más alegre de la casa.
  Pero cumplió los tres años,
y fuerte, robusta y sana,
Con el pelo reluciente,
nerviosa, de buena planta,
tan linda y arroganteja
que parecía una estampa,
entró en plena juventud
mi negra borrica nana.
  Ya de trigo a la molienda
llevó al molino una carga,
llevó el amasijo al horno,
subió a la fuente a por agua,
llevó hortaliza a la lonja...
y el camino se lo andaba
con tan ágil ligereza
que a sus manos y a sus patas
parece que le habían puesto
para correr, cuatro alas.
  Ni por yegua, ni por mula,
ni por caballo de alzada
con el premio de una feria
diera yo mi burra nana.
  Como cuando va a la fuente
y en la fuente bebe agua,
le sirve el agua de espejo
y en ella se ve la cara,
igual que esas buenas mozas
que se saben que son guapas,
le gusta que la compongan,
se da cuenta que la agracian
las cintas sobre la frente
de su negra cabezada,
y se recrea en su sombra
cuando se siente enjaezada,
con las dos escarapelas
de los borlones de lana,
y el ropón de dobles flecos
y sobre el ropón mi manta,
donde yo, jinete en ella,
corro mercados y plazas
como si fuera en estribos
con las bridas de una jaca,
sobre el redondo aparejo
de mi borriquilla nana.

Álvarez de Sotomayor refleja en sus versos tradiciones, costumbres, emociones personajes creencias e ideologías, nada escapa a fina sensibilidad del poeta, su poesía es un constante reflejo de vivencias, un raudal de circunstancias y personajes que pasaron por su entorno y él los fue inmortalizando en sus escritos, una muestra de ello es este poema dedicado a

LAS MIGAS DE PANIZO.

  Yo marcho con mi pobreza
y sabe Dios que no envidio
ni a denguno, de mi clase
ni a los mesmos señoritos.
  -¿Pa qué quiero yo palacio
si me basta mi cortijo,
ni pa qué quiero más muebles
que mi mesa y un lebrillo,
mi colchón, mi par de sillas,
una sartén y un botijo?
  Si es con respeuto a la ropa,
no me gusta ir bien vestío.
la tarde que me casé,
por eso de los cumplios,
me quité los alpargates
pa calzarme los botillos
y fui viendo las estrellas,
dasta que al cabo, aburrío,
en mita del casamiento
le di vuelo a los botillos.
  Luego, tampoco soy hombre
que le arrebaten los vicios;
yo me doy por satisfecho
con ir al pueblo el domingo
 pa tomar mi tapaera
con mis dos vasos de vino;
las cartas, no las entiendo,
y respeuto al mujerío,
man que me pirro por ellas,
huyendo a briegas y líos,
me apaño con la Dolores
y ella se apaña conmigo.
  Ya ves, si tengo razón
en decirte que no envidio
ni a denguno por su clase
ni a los mesmos señoritos.
  Más como siempre en el mundo,
pa no estar uno tranquilo
se ha de tener algún ¡ay!
pues yo también tengo el mío.
  Y es, que estoy de comer migas
dende el hoyo del ombligo
dasta las ranguas del pelo,
donde arranca el colodrillo:
  y por eso solamente
quisiera ponerme rico;
pa almorzarme al mediodía
mi pan de harina de trigo,
mi gran lonja de jamón,
mi gran taja de tocino,
mi tripa de gutifarra,
mis tres o cuatro chorizos
y pa postre del almuerzo,
dispués de un jarro de vino,
longaniza en la sartén
regüelta con huevos fritos.
  Por este almuerzo na más
quisiera ser señorito;
¡porque es que tengo las migas
atascas en el galillo
y estoy ya dasta las cejas
de las migas de panizo!

El mundo del poeta Sotomayor fue el terruño almeriense que lo vio nacer y en el que vivió siempre, su inspiración la gente que habitaban esas tierras, él no fue leñador ni hortelano ni cabrero, pero cantó como nadie las penas y alegrías, las injusticias y la rudeza de aquellas vidas que a él, al igual que les sucedió en otros parajes  a José Mª Gabriel y Galán, a Luís Chamizo, o Vicente Medina, les movieron a escribir páginas inmortales que son hoy aguafuertes poniendo ante nosotros estampas reales por más desgarradoras que nos resulten, son cosas que sucedieron en el mundo en el que ellos vivieron y que les dolió hasta el extremo de inmortalizarlas en verso; imágenes de un tiempo triste y miserable que queda reflejado en este poema titulado el LEÑAOR y está escrito en el dialecto rural de aquellos años.

EL LEÑAOR

    Mia oste, señol juez,
tié que isimularme, sin d´inconvenencias
inpensas le digo, porque no tié uno
destrución denguna, ni bullil de lengua
pa estas apreturas. Pero las verda es
cuando quien icirse, salen ellas mesmas,
y unas a las otras se van rempujando
manque sean en dichos de muncha rueza.
Estar, si q´he estao, sin pedir premiso,
y también de noche, drento d´una hacienda
corriendo los montes, arrancando leña.
           Pero es que mis hijos, pa que oste lo sepa,
cansaos de pidilme, rendios se durmieron
esmayaos de hambre… Y en la noche aquella,
desde el mismo monte se sentía el zurrío
de las pandorgüiñas y las panderetas,
y de las jitarras, y de los platillos
               y las castañuelas.
      Era aquella noche, noche d´alegría;
              era Nochegüena.
           Y pensé yo mesmo,
           de que´n tantas fiestas
           no debían mis hijos
           dolmirse sin cena.
          Y agarré mi soga…
-¡q´he cogió mil feces pa colgarme d´ella!-
           y dejando el pueb-lo,
            tomé pa esas sierras,
Iciendo por drento, mientras pechugaba
          por aquellas cuestas:
          Si me pilla el guarda, viendo mi probeza
tal vez que me diga:
-Sigue haciendo leña, y toma un cigarro
pa cuando adescanses, y toma estas perras,
y acaba prontico sin hacer estrozos en las madrigueras.
Señor juez, ¿me escucha? Porque a los conejos,
drento de los cotos, pa que oste lo sepa,
sobra la comía q´a los probes falta,
¡y eso que les sobra…también nus lo niegan!
Pa que osté se entere, hice mi hacecico,
que lo meneaba como una cereza.
Era mu pequeño; no era como icen.
Qué a mis muchos años y a mis pocas juerzas,
a sus cortas luces, como oste compriende
          pol torpe que sea,
hacen a mis canas amagar el lomo
          Con mu poca leña.
          Pos verá osté agora,
       pa que oste lo sepa,
venía ya pa´l pueb-lo, cuando el mesmo amo
me salió al camino. ¡Se me puso negra,
        más negra que el zache,
la miajica sangre que´n mi cuerpo quea!
-A dejar la carga, que la leña es mía-
dijo con enfao junto a la verea-
     y al ir a dejarla,
     por las mesmas cejas parece que a mis hijos
les sentí puncharme, diciéndome; ¡Padre la cena, la cena!
y anublaos los ojos apreté los diente
y me entró una cosa por toa la cabeza,
que dije: U me matan…
u voy dasta el pueb-lo con el haz de leña.
Llegó en esto el guarda pa ayuarle al amo,
      ¡que otras veces era
      leñaor conmigo,
      pa que oste lo sepa!
      y como un muchacho,
     bajaba de priesa
     dando trompicones
    con el haz acuestas,
    dasta que en el corte
   q´hace una regüelta
   me faltó el terreno,
  y rulé lo mesmo que rula una piedra
  del collao al hondo.
       y he salvao la vida…¡por el haz de leña
que cayó debajo y aguantó mi cuelpo!
Porque muchas fecespa que oste lo sepa,
lo que ostes castigan
      el Señor lo premia!
Ya estaba en el pueb-lo, cuando a los maitines
 tocaba la ig-lesia,
 y vendí la carga
 por una peseta,
que eché en comestibles de pan y engañifa,
y me entré en mi casa, y atranqué mi puerta;
y entre yo y mis hijos, ¡y sin luz, nus cenamos
to lo que me dieron por el haz de leña!
Si los jueces jueran, antes de ser jueces,
Probes leñaores, y en las noches estas
se tuvián sus hijos q´acostar sin cena,
Munchos que´n la cárcel están no estarían,
y habría munchos drento q´agora están juera.
Osté desimule, señol juez, lo hablao,
Por q´uno es asina, sin salía de lengua
pa dicil las cosas.
Pero lo q´he dicho, ni yo me lo como
ni nadie lo afea.
Y ese es to mi robo…
Y esa es toa mi afrenta…
Pa que osté se entere…
Pa que osté lo sepa.
Agora… la soga…
Señol juez, la soga…mia oste, manque sea
cuelpo del delito, m´hace mucha falta
Y no la presento, venga lo que venga.
   No tengo más finca,
   ni más herramienta,
   ni más averío que la soga esa,
  Y la necesito pa cuando me saquen…
  golver a por leña…
  ¡u pa hacerle un cabo de lanzá escurriza
  Pa colgarme d´ella!

Este poema titulado “La faca” pertenece al libro “Los Caballeros del Campo y otro poema de este autor que nos deja el sello inigualable de su facilidad para describir situaciones y costumbres de una tierra y sus gentes.

La faca.

El mozo Frasquito Antonio,
Hijo de Juan Ponce Rojas,
que era del paterno orgullo
provecho a la vez que honra,
por su saber de la tierra,
por su aplomo de persona,
por su gracia varonil
y por su charla melosa,
cumplió dieciocho años,
como dieciocho rosas
la noche a que se refiere
este jirón de su historia.
   A todos los hortelanos
Del valle del Almanzora
hizo invitación Juan Ponce
para la fiesta famosa
de dar al mozo cumplido
su faca trasnochadora,
dándole con esa prenda
la alternativa de ronda,
para poder con los mozos
salir y entrar a deshora,
pasear con su guitarra,
buscar con ella una novia,
y armarlo así caballero
a la usanza labradora.

  Hubo vino de las viñas,
hubo brindis en las coplas,
hubo abundancia de todo
como si fuese una boda,
y al final de aquella fiesta
alegre y derrochadora,
puestos en pie padre e hijo
de forma ceremoniosa,
el arma de rondador
pasó de una mano a otra,
diciendo al mozo Frasquito
su padre Juan Ponce Rojas.

   Con condición de ser cuerdo;
y cumplir como cumplí,
toma, hijo, este recuerdo
pa que te acuerdes de mí.

  Es mi faca de canales,
La que de noche desgarra
De cuajo los retamales
Pa dar paso a mi guitarra.
  La que me sirvió a deshora
de invencible compañera.
La faca más rondaora
que tuvo nuestra ribera.

  Es negra su empuñaura
pero está tan bien bruñía
que brilla en la noche oscura
como una estrella corría.

  Aunque es pequeña al tocarla
se crece como una ola,
y con pensar en sacarla
se desenvaina ella sola.

  Cuando en sangre se ha teñío
su victima la ha besao,
porque primero a venció
y después ha perdonao.

  Si algún mozo, por alarde,
de más hombre te ofendiera,
no te dejes por cobarde
que le tomen delantera.

  Y si es mozo que se arroja
Por ser valiente y serrano,
¡sácala! que al dar su hoja
relámpagos en tu mano,

  como goza de renombre
por segura y bien templá,
lo que te falte de hombre
mi faca te lo dará.

Y deshecha la reunión,
Aquella noche a deshora,
Salió por primera vez
con su guitarra de ronda
asomando del bolsillo
su faca trasnochadora,
el mozo Frasquito Antonio
hijo de Juan Ponce Rojas.

Trabajo realizado por  Granada Sandoval y José Bretones Salinas.
11-2-2006 (Barcelona) Fue presentado por primera vez en el Centro Cívico de Las Planas (Sant Joán Despí) y por última vez en el Centro Cultural Almeriense de 
L ´Hospitalet.