VENTANAS DE MI VIDA

jueves, 17 de noviembre de 2011

ELVIRA (De mi libro fantasías y leyendas)






A ELVIRA    

(Una preciosa niña que lleva ese nombre tan emblemático de las tierras de Granada y porque por sus venas corre la sangre catalana de mi buen amigo Vicente Esteve)

Cuenta una antigua leyenda, que allá por las tierras preferidas de los dioses hubo una mujer muy hermosa, la más bella entre las bellas, dice que sus ojos eran como dos misterios de azabache, dos perlas entre sedas y abanicos, que sus carnes de terciopelo rosa nieve eran una promesa de vida palpitando de emociones, que su pelo era un mantón de seda oscuro que se extendía por su espalda en largura interminable hasta lograr tocar sus pies de gacela. Dice que era humana y era reina, reina de las tierras más hermosa del Sur, que era dueña de los valles, de los ríos, de la extensión montañosa que circundaba el horizonte, dueña de su cuerpo, dueña de su alma pura como la brisa del alba y dueña de toda la fantasía que guardaba oculta en el precioso cofre de su corazón.
Dice también que los hombres temblaban al nombrarla mientras que la devoraban con los ojos y dicen también que los dioses envidiaban a los hombres que tenían la suerte de disfrutar de su belleza cuando se mostraba ante ellos.
Cuentan, que un día, Elvira se estaba bañando desnuda en las aguas purísimas que se deslizan de las cumbres, las aguas cristalinas acariciaban el cuerpo de la doncella arropándola con sombras y murmullos mientras ella se deleitaba en el frescor íntimo de su abrazo.
Aquel día, fue testigo el Sol de un derroche de belleza, como jamás fue vista en parte alguna del planeta.
El río, se recreaba en la belleza de Elvira, en el carmín de sus labios, en el fuego de sus ojos, en sus carnes de nácar rosa que jugaban dulces y niñas.
La luz se había hecho sonrisa como una flor de nenúfar resbalando por sus brazos que parecían dos palomas abrazadas a la espuma, la espuma, agua limpia cariñosa de blancura acariciaba a la mujer, así mujer y agua, agua y paisaje, se regodeaban de placer disfrutándose ambas ajenas a unos ojos lascivos que no dejaba de mirarlas.
Elvira, confiada y pura salió del río despojándose del agua con la gracia de una diosa que se desnuda de un sueño, sus pies de espuma y azúcar caminaban por la orilla como una alondra descalza que acariciara la juncia.
Se fue avanzando en silencio mientras secaba su pelo con las caricias del viento. Así, entre el placer de la brisa, el calor del sol y el perfume de jazmines caminaba la joven sin  sospechar que alguien la estaba mirando con avidez malsana deseando y profanando todo el esplendor de su belleza.
Era Júpiter, Dios del rayo, un eterno seductor lúdico y lascivo que enardecido de deseo por aquella hija de los hombres se recreaba con ojos enrojecidos por el placer.
Ella, inocente y ajena, caminaba dejándose acariciar por el Sol y por las flores.
Fue tanto el deseo que despertó en el dios que le observaba, que éste no pudo reprimir el ansia de poseerla.
Júpiter era consciente de la imposibilidad de conseguirla como dios, ya que a los dioses no les estaba permitido mezclar su divinidad con los humanos, por eso tuvo que recurrir a pesar de ser tan poderoso, a rebajar su poder hasta el engaño, por eso convirtió su fuerza en la suavidad de las flores, su voz en un susurro, y el esplendor de sus rayos y sus regias vestiduras en el humilde atuendo de un campesino.
Se presentó ante la joven diciéndole así al descender del Olimpo.
_ “No tengas miedo de mí, Oh dulce placer de los ojos, solo quiero darte amor, ofréceteme dulce niña, soy Júpiter, Dios de dioses, más por ti me he hecho hombre y deseo que tú seas mí diosa”.
Ella, tímida y pura se cubrió con los cabellos todo su cuerpo y esto la hizo aún más hermosa a los ojos del dios, que al verla  creció más su ansia de poseerla pues la vio tal como si una rosa quisiera esconder su perfuma cobijándose en los pétalos.
_ ¡”OH Júpiter pecaminoso, aléjate de mí!” Respondió la joven desconsoladamente, pero el dios no estaba dispuesto dejar escapar su presa, corrió tras ella gestando otros planes para poder disfrutarla.
Entre tanto, Juno, la esposa de Júpiter que contemplaba desde el Olimpo la escena, se sintió traicionada por lo que empezó a utilizar todo su poder para vengarse de Elvira fustigada por el dolor de verse traicionada.
Júpiter, al ver los planes de venganza de la diosa, le suplicó que no le hiciese daño a la joven, pero la diosa no tenía intención de perdonarla, solo quería destruir a su rival, al  comprobar Júpiter el furor desmesurado de su esposa insistió en sus ruegos y entre súplica y súplica, metamorfoseó a Elvira, la convirtió en una hermosa gacela deseoso de salvarla de las iras de Juno, Elvira convertida en gacela se fue galopando hacia las cumbres de la sierra, iba enloquecida porque Juno la perseguía por un lado con rabia y celos, Júpiter apasionado y loco de deseo también corría tras ella, la pobre Elvira aterrorizada huía  desesperada por la persecución de los dos dioses que la acosaban en partes iguales, en la huida cayó por un precipicio despeñándose y quedando mal herida en el pecho.
Al verla tan mal, Júpiter le pidió a su esposa que tuviese piedad de ella diciéndole.
_ “Perdona su vida y te juro que no volveré a buscarla jamás”.
_ “Solo la perdonaré con la condición de que nunca vuelva a ser una mujer”, dijo la diosa.
_ “Está bien, pero tampoco la dejaras que sea un animal”, dijo el dios.
_ “Tampoco la dejare ser un vegetal”, dijo la diosa con doloroso acento.
Los montes, los cerros, los valles del Sur fueron testigos de los estruendos de rayos y centellas que retumbaron con estrépito por la disputa divina que mantuvieron los dos dioses para ponerse de acuerdo.
Júpiter fue derrotado, pero a la vez victorioso porque consiguió que al final Juno se compadeciera de su amada Elvira. La diosa al ver a Júpiter que suplicaba con la vista baja lleno de dolor y arrepentido, perdonó a Elvira y le otorgó una gracia,
“Te otorgo el don de que seas para siempre una ciudad”, Dijo la diosa.
 Pasaron muchos cientos de años por la lluvia incesante de los siglos y la ciudad de Elvira fue poseída por los visigodos que la vistieron de piedras primigenias, de trajes primorosos y hermosa arquitectura, fue habitada por gentes que la amaron y la engrandecieron.
Después se enamoraron de ella grandes hombres, y reyes de Oriente que la convirtieron en una sultana, la adornaron de sedas y encajes entre jardines y palacios de ensueño.
En la colina donde se derramó la sangre de Elvira hicieron un jardín maravilloso, de las entrañas de la tierra brotó una fuente donde la niña derramó su llanto,  la llamaron Annadamar, “La fuente de las lagrimas”, por los lugares por donde persiguieron a Elvira hoy se revuelca el Albaicín, se corona su recuerdo con la flor del precioso granado, la ciudad tomo el nombre de Granada, ciudad de la raíz de Elvira, ¡Rayo verde, verde y rojo, sangre de una diosa y flor de un dios enamorado!
¡Ilibiris, Charnata! ¡Hoy, el jardín de Al – Ándalus!            

viernes, 4 de noviembre de 2011

URSULA


ÚRSULA
Raro nombre de mujer
Dije al escuchar tu nombre
Después lo deletree
Y conforme lo fui haciendo
¡Qué hermoso nombre pensé!
U… De  UNIVERSO veía
R… DE UN ROSAL PRECIOSO
S… DE UN SOL LUMINOSO
U… de unión AL ALMA MÍA.
L… DE LUZ EN TUS OJOS
A …DE AMOR, ¡DULCE AMBROSÍA!
que EN EL FONDO DE TUS OJOS
abarcando su EMISFERIO
hay una fuente preciosa
DE ACUARELAS Y MISTERIO
¿Qué embrujo hay en tus ojos
Para que yo esté sintiendo
Tanta belleza en tu nombre
Mientras que estoy escribiendo?

Con todo mi cariño para vosotros: Pedro y Úrsula que habéis llegado a mi vida como todas las cosas buenas, inesperadamente.

25-3-2010      
                                                            Granada Sandoval